Nunca te conocí realmente. Sólo eras una cara que podía identificar, nada más. Tal vez también te relacionaba con otras personas; amigos, un par de familiares. Y gracias. No puedo decir nada acerca de vos. Sólo que sos de Racing, eso lo puede saber cualquiera.
Apenas me enteré viajé a un recuerdo. Uno que tenía muy escondido y guardado, pero que estaba. Yo había salido a andar en bicicleta con mi papá por el barrio, dando vueltas sin ir a ningún lugar en particular. En una de esas calles, te vi. Estabas con un amigo pero a él no lo reconocí. Por supuesto que a vos sí te identifiqué.
Estaba decidiendo si saludarte o no; quizás ni te acordabas quién era yo, no nos veíamos hace muchos años y tampoco creo que nos hayamos cruzado más de un par de veces. Te había visto en varias fotos, eso sí, por eso te podía reconocer. Te miré unos segundos, dudosa, indecisa. Me parece que te diste cuenta. Después de un corto análisis, decidí saludarte.
No fue nada, un movimiento de mano acompañado de una sonrisa y listo, a los cinco segundos ya estaba en la mitad de la otra cuadra. Ni siquiera te debió haber importado; una chica que no conocías, saludándote... tal vez se equivocó, ¿no?
Esa fue la última vez que te vi en persona.
Habrá sido hace unos tres o cuatro años, si no me equivoco. Tenías el pelo largo; el flequillo te tapaba toda la frente y en la nuca colgaban los mechones. La cara no te cambió para nada. Estabas exactamente igual, puedo asegurarlo.
Todo eso fluyó por mi mente cuando leí la noticia. Fue una sensación extraña. No era ningún sentimiento positivo, pero tampoco podía ser tristeza, o dolor. Después de todo no te conocía. Perpleja, releí las líneas tipeadas por tu hermana, que daban el anuncio. Mi cara inexpresiva, frente a la pantalla, no sabía cómo responder.
Sorpresa. Eso es lo que me causó. Estaba enterada de tu situación, pero nunca imaginé algo así. Sé que en muchos casos pasa lo mismo, pero simplemente no lo había pensado para vos. Sería un pensamiento desagradable y significaría bajar los brazos de antemano. No. La esperanza es lo último que se pierde, si es que se llega a perder. Todos los que te rodeaban, la tuvieron hasta el último momento. Y la siguen teniendo. Esperanza de que estés en un lugar mejor. Esperanza de que todos recuerden lo mejor de vos, de lo que fuiste en vida. Esperanza de volver a verte, quién sabe dónde.
Leí un par de las dedicatorias que te escribieron. Tenías muchos amigos, y eras un chico muy querido, al parecer. Dejando de lado el hecho de que ya no estás, fue emotivo ver cómo se nota tu ausencia. Despertaste varias viejas amistades de un profundo sueño, otras de uno no tan profundo, también las nuevas, incluso hasta muchos desconocidos, como yo.
Muchos pensarían que estoy siendo falsa, que sólo me meto porque te pasó esto. Bueno, lo último es verdad, lo vengo admitiendo desde el principio. Es un hecho que llama la atención, no se puede negar. En cuanto a lo primero, no me importa lo que piensen. Entonces, ¿por qué lo hago más íntimo? Sencillo. ¿Por qué no? Si es lo que me place.
Hace un rato se fue mi hermana a tu velorio. La llevó mi mamá, y cuando la dejó y volvió a casa, lo primero que dijo fue la cantidad de gente que había. No entraban en la cochería, había personas amontonadas en la vereda, en la calle. Repito, se ve que eras un chico muy querido.
Quizás te pudo haber vencido el cáncer, pero no hay que pensar en eso como lo peor de todo. Que conste que no le salió barato. Peor hubiera sido no pelearla, dejarlo llevarte sin esfuerzo alguno. Y eso no pasó, yo lo sé. Peor hubiera sido estar solo. Es sabido que era totalmente lo opuesto. No todos tienen esa suerte.
Donde sea que estés, si es que llegaste a algún lugar, o todavía estás en camino, te mando un saludo. Uno de esos con un movimiento de mano acompañado de una sonrisa, y listo.
Una desconocida