jueves, 22 de diciembre de 2011

Cómo pintar 
sueños, si te llevaste 
todo el color?
I had to find you
Tell you I need you
Tell you I set you apart
.
.
.

But to no avail

domingo, 4 de diciembre de 2011

What if...

     Subíamos una colina no muy lejos de la cabaña. A un lado podían verse grandes cantidades de amapolas formando una estrecha hilera durante toda la subida. Un bonito día soleado esperaba ser aprovechado. El pasto verde reflejaba los rayos de sol, ofreciendo un toque de belleza y armonía a la ocasión.
     En el camino, el deseo de tomarle la mano era sofocante, pero pude controlarlo; no creí que fuera correcto hacerlo. Llegamos a la cima y admiramos el horizonte mientras una leve brisa chocaba en nuestros rostros. Un incómodo silencio ocupó el tiempo y espacio por unos minutos. En mi cabeza los pensamientos no cesaban de circular. Nos sentamos en la hierba, para estar más cómodos.
     Siempre tuve cierta dificultad para expresarme, y tal vez esta no fuera la excepción. Ojalá estuviera equivocada. No tenía idea de lo que podría pasar a continuación si perdiera el control. Decidí no hablar antes que él. Parecía tomarse su tiempo muy relajadamente, hasta que al fin rompió el hielo.
     —¿Te pasa algo?dijo con curiosidad. Sin sacar la vista del paisaje, tardé en responder.
     No. ¿Eso parece?
     Bueno, teniendo en cuenta que es la primera vez que me dirigís la palabra en toda una semana, eso sospecho. De cualquier modo, no puedo descubrir el por qué... Pensé que quizás podrías decírmelo ahora que estamos solos.
     Trataba de improvisar una respuesta razonable y coherente para evitar quedar en ridículo, pero me fue imposible. Entonces no tuve más remedio que decir la verdad.
     Te puse a prueba.
     ¿A prueba?
     No dejé de hablarte exactamente. Solo dejé de hablarte primero. Sabés, me jode bastante estar tan pendiente, buscarte siempre y no recibir nada a cambio. Me hace sentir una carga. Pensé que si dejaba de hablarte, y vos lo hicieras primero, lo harías porque tendrías ganas de conversar, y sería mucho menos incómodo. De paso, me interesaba averiguar cómo sería tu reacción, la cual no fue agradable justamente. No me buscaste ni una vez. Eso me hace sentir miserableEl paisaje se disolvió, y lo único que podía ver ahora eran sus ojosy me sirvió para darme cuenta de que te importo un carajo.
     En ningún momento levanté el tono de voz, ni hice mueca alguna. Solo alcancé a esbozar una sonrisa con los labios. Era mi forma de ocultar mi tristeza. No podría soportarlo mucho más.
     Él estaba atónito, con la boca entreabierta debido a su asombro. No me gustaba para nada estar en esa situación, pero era la única manera de seguir adelante.
     Por mi experiencia, puedo decir que si algo o alguien te daña no debés seguir perdonando o volviendo hacia aquello. Lo mejor es enfrentarlo de una vez y sacarlo del camino. Pero eso es cosa de valientes; esa opción no está dentro de mi posibilidades. Yo soy cobarde, aunque odie admitirlo, y huyo. Siempre opto por huir y alejarme antes que las cosas empeoren, a pesar que duela en lo más profundo del alma.
     Me levanté del pasto y extendí mi mano hacia él para ayudarlo a levantarse. Ya estaba atardeciendo y era mejor volver. Sólo tenía un último deseo. Tomó mi mano y sacudió su ropa con la otra para dejar caer los pastos viejos adheridos a ella. A pesar que ya se había levantado, nuestras manos seguían agarradas, entrelazando los dedos y sujetándose con fuerza.
     No lo pensé dos veces. Con mi mano derecha acaricié su mejilla sin quitar la mirada de sus ojos. Nunca olvidaría ese par de esmeraldas brillantes ni todas las emociones que me provocaban. Sin esperar más, observé su cara por última vez, que hacía lo mismo. Cerré los ojos con lentitud y me incliné al frente. Él colocó su mano libre en mi cadera y me imitó.
     Jamás había sentido tantas cosas a la vez como con aquel beso. Definitivamente lo amaba. Pero no podía permanecer cerca suyo ya. Me lastimaba, sin que fuera su intención, pero de todos modos lo hacía.
     No quería separarme de sus labios, parecía pasar una eternidad encantadora. Finalmente tomé distancia y di la vuelta hacia la cabaña. Un largo y verde camino iluminado por el crepúsculo me separaba de ella. Me puse en marcha de inmediato.
     Sobre la colina se encontraba parado sin saber cómo reaccionar ante aquel hecho inusual. Sus pensamientos reflejaban confusión, angustia y desilusión, provocando una inmovilidad corporal temporal. En la distancia divisaba una figura femenina marchándose que se hacía más pequeña a medida que los minutos pasaban.
     Estaba a mitad de camino, cuando de repente unos pasos ligeros comenzaron a escucharse a mis espaldas, cada vez con más intensidad y velocidad...




     ¿Y?
     No sé, fue shockeante.
     ¿Qué cosa?
     Todo, no sé. Una oración.
     Ah... ¿empieza con D?
     Sí.
     Ya sé cuál es— y mostré una sonrisa tímida.